Parientes de nombre


Seguimos con las jirafas, y esta vez una de ellas se queda mirándome fijamente mientras le hago el retrato. Son los ojos lo que atrapa: grandes, oscuros, enmarcados por unas pestañas larguísimas, y con una expresión que no sé explicar mejor que diciendo que me recuerda a la de un camello. No es una asociación

La altura no basta


Seguimos en el recinto de las jirafas reticuladas, y una de ellas estira el cuello hacia una rama con la clara intención de alcanzar sus hojas. No llega. El cuello al límite, la cabeza vuelta casi del revés hacia arriba, la boca cerrada en un gesto de esfuerzo silencioso. Resulta casi paradójico ver fallar en

Fuera de escala


Llegamos al área de las jirafas reticuladas y, mientras esperamos el turno de las explicaciones de los cuidadores, una de ellas pasa justo junto a una pared con marcas de altura pintadas para orientar a los visitantes. La cabeza, con sus dos osiconos rematados en un mechón oscuro, queda entre las marcas de los 4

Pensando en otro bosque


Después del paso elevado llegamos al área de los wallabies. Están todos muy relajados, tumbados en el suelo como quien hace la siesta de sobremesa, pero uno de ellos llama mi atención: sentado al pie de un árbol, con las patas delanteras recogidas y la mirada perdida hacia algún punto fuera de la foto, parece

El primo con estilo


Después de los licaones pasamos por un paso elevado y, justo debajo, encontramos a estos curiosos cerdos dando buena cuenta de lo que los cuidadores acaban de echarles. Es el potamoquero rojo (Potamochoerus porcus), y la diferencia con el facóquero que vimos unas fotos atrás no podría ser mayor: donde aquel era todo utilidad sin

Pintados para la sombra


De camino al comedero de las jirafas nos desviamos por un pequeño bucle y pasamos junto a un recinto modesto de licaones. Antes, junto a los guepardos, nos habíamos asomado a uno mucho más grande sin ver ni rastro de ninguno; aquí, en cambio, encontramos tres ejemplares echando la siesta, tumbados contra la valla, aprovechando

El piso de arriba


Sobre el mismo edificio donde está la pared agujereada de los gorriones, bien arriba, en el tejado, encuentro este nido de cigüeña blanca con al menos dos polluelos asomando entre las ramas. Si la pared de abajo era el bloque de pisos modestos, lleno de vecinos yendo y viniendo por agujeros del tamaño de un

Asomado al mundo


La parte trasera del edificio que mencionaba en el post anterior es una enorme pared agujereada, pensada para que aniden en ella los gorriones comunes, y contemplar su actividad es todo un espectáculo: una colmena doméstica donde cada agujero es una ventana y cada gorrión, un vecino con sus propios asuntos. Mientras unos entran y

La proporción exacta


Salimos de la zona de los guepardos camino de los servicios de la reserva y, al rodear uno de los edificios, me encuentro con este pequeño primate sobre un tronco, muy concentrado en manipular algo entre las manos. Es un mono ardilla de cabeza negra (Saimiri boliviensis), reconocible por ese casquete oscuro que le cubre

La velocidad que no vemos


Empezamos el recorrido a pie justo al lado del parking, en el área de los guepardos. Hace calor, mucho calor, y los guepardos lo saben mejor que nadie: están tumbados bien lejos del punto de observación, a la sombra de los árboles, en esa postura de total abandono con las patas estiradas que solo se