Cerrado antes de hora


Senamiesčio krautuvė significa «la tienda del casco antiguo», y en el marco de la puerta, pintado a mano, se lee el resto de la promesa: carne, queso, pan de fiesta, los productos que anuncia flanqueando la entrada. Es una pequeña tienda de alimentación tradicional lituana en el número 5 de la calle Literatų, con cestas

Anarquía visual


Cada placa de esta pared lleva un número diminuto pintado en un círculo blanco, como si fuera parte de un juego de mesa gigante. En un extremo de la calle, unas grandes placas hacen las veces de índice: un catálogo que permite buscar el nombre correspondiente a cada pieza. Sin ese índice, la pared es

En la Calle de la Literatura


A cincuenta metros de la bulliciosa Pilies, la calle Literatų gatvė es un remanso de silencio, empedrado estrecho y paredes cubiertas de placas. El proyecto nació en 2008, cuando un grupo de artistas decidió honrar el nombre de la calle decorando sus muros con más de doscientas piezas dedicadas a escritores, poetas y traductores vinculados

Pilies de noche


La misma calle que recorrimos esta mañana, camino del free tour, resulta casi irreconocible diez horas después. De día, Pilies era piedra gris, aliento visible en el frío y algún grupo de turistas siguiendo a un guía con paraguas de colores. De noche, la misma calle se llena de escaparates iluminados, guirnaldas colgando de las

Con pies de gato


Katpėdėlė significa literalmente «patita de gato» en lituano: es el nombre popular de la Antennaria dioica, una pequeña flor alpina cuyo capullo peludo recuerda a la almohadilla de un felino. El restaurante Pilies Katpėdėlė, especializado en cocina lituana tradicional, toma su nombre de esa flor discreta y silenciosa —muy apropiado para un local que se

Jardín de verano


El nombre es una pequeña broma en pleno noviembre: Spritz Summer Garden, el jardín de verano del spritz, envuelto en hiedra y luces cálidas mientras fuera hay restos de nieve en los adoquines. El local se especializa en Aperol Spritz —con variantes como el de maracuyá—, piadinas italianas y helado artesanal, y su terraza cubierta

Bajo la luz de la farola


El Bernardinų parkas ocupa la orilla izquierda del río Vilnia, entre la Torre de Gediminas y el monasterio bernardino cuyas iglesias visitamos por la mañana. Hasta el siglo XIV este terreno era un bosque sagrado de robles paganos; en 1469 el rey Casimiro IV invitó a los monjes bernardinos a instalarse en Vilna, y estos

Colofón


Sin previo aviso, mientras caminábamos junto al Palacio de los Grandes Duques, el cielo sobre la plaza de la catedral se llenó de fuegos artificiales. No hay cartel, ni programa, ni gente congregada esperando el espectáculo: solo un puñado de coches oficiales aparcados junto al Palacio, entre ellos uno de la Policía Militar, y las

Las Tres Cruces


Al fondo de la foto, sobre la colina cubierta de árboles desnudos, las Tres Cruces brillan en blanco y azul contra el cielo negro. El efecto de la nieve en primer plano, tan iluminada que parece que hubiera saltado el flash, es enteramente natural: la luz de las farolas del parque rebotando sobre la superficie

En lo alto de la colina


Solo quedó una de las tres torres del castillo alto de Vilna: la que hoy lleva el nombre de Gediminas. Las otras dos cayeron durante las guerras del siglo XVII contra Moscú, y esta sobrevivió porque era la más resistente, con muros pensados para defenderse de las armas de fuego. En el siglo XIX los