Recibimiento sin palabras


Terminamos el recorrido en coche, el «safari», y llegamos al aparcamiento desde donde seguiremos la visita a pie. Allí nos recibe una cigüeña blanca (Ciconia ciconia), suelta y a sus anchas entre los coches, como si llevara toda la vida haciendo de anfitriona. Nunca había estado tan cerca de una, y de cerca sorprende de

Fealdad con oficio


Justo después de ver pasar al asno salvaje somalí por la ventanilla izquierda, por la derecha nos encontramos con un pequeño grupo de facóqueros comunes (Phacochoerus africanus), cada uno feo a su manera: la cabeza desproporcionada, los verrugones a ambos lados del hocico, los colmillos curvados hacia arriba como paréntesis torcidos. Es el tipo de

Rayas heredadas


Poco más adelante de las cebras, por la izquierda, se me cruza al trote este équido de aire mucho más discreto. A primera vista podría pasar por un burro cualquiera — la misma estampa gris parda, las mismas orejas largas — si no fuera porque, al fijarme en sus patas, descubro unas rayas horizontales oscuras

Jano a rayas


Dejamos atrás a la avestruz y su falso mito y nos cruzamos con otro grupo de cebras, en este caso de Böhm (Equus quagga boehmi), la más extendida de las tres especies que mantiene la reserva junto a la cebra de Grevy — de rayas finísimas y orejas enormes y redondeadas — y la cebra

Los ojos que no esconde


Después de los rinocerontes me encuentro una avestruz enorme, plantada justo en medio del camino, con los ojos cerrados. Tan quieta está que me obliga a desviarme para rodearla, y aprovecho para parar un momento y hacerle este retrato. De cerca, lo que más llama la atención no es el tamaño del animal sino la

El boletín del grupo


Dejamos atrás el territorio de los leones y entramos en el de la sabana africana, y el primer animal que aparece es el gran rinoceronte blanco (Ceratotherium simum) — se reconoce enseguida por ese labio ancho y recto, perfecto para arrancar hierba a ras de suelo, muy distinto del labio puntiagudo y prensil de su

Un cartel difícil de leer


A pocos metros del primer grupo de leonas aparece otro, algo más escondido entre la vegetación, y en él se distingue lo que faltaba: la melena del macho que lidera la manada. Sacar la foto no ha sido sencillo — a 300 mm, desde el asiento del conductor, disparando a través de la ventanilla derecha

El rey a la sombra


La caravana de coches va cada vez más despacio, señal inequívoca de que algo interesante espera más adelante. Y ahí está: a lo lejos, a la derecha, unas formas doradas tumbadas plácidamente en la hierba, junto al agua, a la sombra de los árboles. Parece una siesta, y no lo parece por casualidad — todavía

Donde anida la duda


Seguimos en el territorio de los leones sin haber visto todavía ninguno. Si a la izquierda habían sido las gaviotas posadas en la alambrada, ahora a la derecha aparece una garza en lo más alto de un árbol, el cuello estirado hacia arriba. Desde el asiento del conductor es imposible decidir si es una garza

Guardia de honor


Salimos del sector de los osos y entramos en el de los leones africanos, y mientras el coche avanza despacio, algo a la izquierda llama la atención: la alambrada que marca el límite norte de la reserva, con una gaviota posada en cada uno de los postes de hormigón, perfectamente espaciadas, como si se hubieran