Héroes


Los nombres grabados en la piedra de la fachada del antiguo edificio del KGB son los de los partisanos lituanos ejecutados dentro. Los partisanos lituanos lucharon en una guerra de guerrillas contra la ocupación soviética entre 1944 y 1953, convirtiéndose en una de las guerras partisanas más largas de la Europa del siglo XX. Se

A las víctimas


Salimos del museo a la noche de noviembre. El frío de fuera no es diferente al del sótano. Frente a la entrada, un montículo de piedras ásperas rematado con una cruz de metal: el monumento dedicado a todas las víctimas del régimen soviético, con especial atención a los deportados al Mar de Láptev, en el

Gritos ahogados


Las paredes de esta celda están acolchadas y son insonorizadas. Es uno de los lugares más lúgubres de la prisión. Los gritos y las llamadas de auxilio eran absorbidos por las paredes. Lo que cuelga del perchero en el centro de la foto es una camisa de fuerza. Se ponía a los prisioneros que se

Celda para tres


La vista desde el judas muestra lo que hay al otro lado de la puerta de hierro: tres camas metálicas, una mesa pequeña, dos taburetes, una estantería de madera en la pared. La directora del museo, Ramunė Driaučiūnaitė, señala que la prisión fue diseñada para el confinamiento individual sin camas. Lo que vemos en la

La otra puerta


El cartel junto a la puerta lo aclara: no es la puerta original de esta celda. Es la puerta de una celda de la prisión de Lukiškės, trasladada aquí como pieza de exposición. Dos prisiones en diálogo: la del KGB, conservada intacta como museo desde 1991; y la de Lukiškės, que cerró en 2019 y

Judas


La pequeña portezuela abierta en la puerta de la celda 17 tiene dos funciones: la mirilla en la parte superior permite al guardia observar al prisionero sin ser visto; la trampilla inferior sirve para pasar la comida sin abrir la puerta. En la tradición carcelaria europea, esa ventanita en la puerta se llama «judas» —por

Ataque a la higiene


La sala de la foto es la letrina colectiva de la prisión del KGB: varios inodoros turcos en fila sobre una tarima elevada, lavabos adosados a la pared, una ventana enrejada cerca del techo, tuberías a la vista. Sin mamparas, sin separaciones, sin ningún gesto hacia la privacidad. La arquitectura de la humillación empieza aquí,

Sin salida


En otoño de 1940 el NKVD instaló su sede en el antiguo palacio de justicia zarista y habilitó una prisión en el sótano. Las celdas permanecen tal como las dejó el KGB cuando abandonó el edificio en agosto de 1991. En su momento llegó a haber más de cincuenta celdas; hoy quedan diecinueve. Las paredes

El pacto


El cartel dice: «Likviduoti Sovietų-Nacių pakto padarinius!» —»¡Liquidar las consecuencias del pacto soviético-nazi!»— y debajo: «El pacto Ribbentrop-Molotov de 1939 legalizó la ocupación rusa en Estonia, Letonia y Lituania.» La ilustración muestra un apretón de manos entre la hoz y el martillo y la esvástica. No es un cartel del museo: es un cartel de

Cloaca del terror


El Museo de las Víctimas del Genocidio ocupa el edificio que fue sede del KGB en Lituania, y antes de ellos de la Gestapo nazi, y antes de ellos del tribunal zarista. El museo preserva el espacio tal como lo dejó el KGB al marcharse en 1991. El edificio principal data de 1899. En su