Son las cinco y media de la tarde de un sábado y la avenida Gediminas está completamente a oscuras. En noviembre, a esta latitud, el sol se pone antes de las cuatro. Las farolas llevan encendidas más de una hora. Los adoquines todavía guardan restos de nieve de los días anteriores.
La avenida está cortada al tráfico en este tramo, lo que permite detenerse en el centro de la calzada y mirar hacia el fondo: el campanario de la catedral que da nombre a toda la calle, perfectamente centrado en la perspectiva como si la avenida hubiera sido diseñada para esta foto exactamente. A ambos lados, los árboles sin hojas, los comercios iluminados, la gente caminando con la cabeza gacha contra el frío.
Sobre nuestras cabezas, trineos de luces navideñas cuelgan de lado a lado cruzando la calle, junto a guirnaldas apagadas de farola en farola. Los escaparates tienen árboles pero sin conectar, el abeto de la plaza de la catedral está en pie pero silencioso. Todo está a punto y nada ha empezado. Lo que parecen luces encendidas en la foto no son sino el reflejo de las farolas en el metal de las instalaciones. Falta una semana exacta para que enciendan las luces. Mientras tanto, Vilna camina hacia la catedral en la oscuridad, como lleva haciendo desde el siglo XIV.
(Texto del modelo Sonnet 4.6 de Claude AI)
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Vilna, Lituania.
