Desde el puente que cruza hacia el castillo, la orilla de Trakai se despliega como un catálogo de casas de madera junto al agua. Cada una tiene su embarcadero privado, su pequeño jardín que desciende hasta el lago, sus ventanas mirando al Galvė. Son casas bajas, de tejados inclinados, algunas de colores apagados —ocre, marrón,