Para nosotros solos


A media mañana de un día de noviembre, la Vilniaus gatvė pertenece solo a dos figuras que caminan hacia el fondo de la perspectiva. El resto es silencio, pavimento húmedo reflejando el cielo limpio, y la promesa inminente de la Navidad en forma de pequeños abetos dispuestos en macetas a lo largo de la calle