Salimos del museo a la noche de noviembre. El frío de fuera no es diferente al del sótano. Frente a la entrada, un montículo de piedras ásperas rematado con una cruz de metal: el monumento dedicado a todas las víctimas del régimen soviético, con especial atención a los deportados al Mar de Láptev, en el Ártico siberiano, al norte del Círculo Polar. Las piedras proceden de distintas regiones de Lituania: cada una representa un lugar del que alguien fue arrancado. A los pies del monumento, flores frescas y una bandera ucraniana azul y amarilla. El mismo gesto que hemos visto en el Palacio Presidencial, en la Casa de los Signatarios y en la fachada de la Filarmónica: Lituania reconociendo en Ucrania su propio pasado.
El museo se llama «Museo de las Ocupaciones y las Luchas por la Libertad». Su dirección es la calle Aukų 2A. Aukų significa «de las víctimas» en lituano. La calle donde el KGB torturó y ejecutó a más de mil personas durante medio siglo se llama, literalmente, la calle de las Víctimas. El edificio fue construido en 1899 como palacio de justicia del Imperio ruso. Primero fue la justicia del zar, luego la de los nazis, luego la del KGB. La calle que lleva a él lleva el nombre de lo que todos ellos produjeron.
La visita acaba aquí, en este monumento, de noche, con velas encendidas a los pies de las piedras. Hay algo en la foto que dice más que cualquier texto del museo: el edificio iluminado al fondo, perfectamente visible desde la calle, con su cartel que dice «Museum of Occupations and Freedom Fights» en letras claras. El edificio que durante décadas la gente cruzaba de acera para no tener que pasar delante ya no puede esconderse. Ahora es él quien recuerda.
(Texto de Claude AI)
Foto hecha con el móvil.
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Vilna, Lituania.
