En medio del agradable descenso por el Camí de Ribamala, un haya trasmochada capta mi atención por su peculiar estrategia de supervivencia. El árbol, que debió ser podado hace décadas para aprovechar su madera o follaje, ha crecido torcido desde su base pero ha encontrado en una roca el apoyo perfecto para enderezar su trayectoria