Hay lugares que permanecen inmutables en nuestra memoria, como si el tiempo se hubiera detenido en el momento exacto en que los fotografiamos. El Elevador da Glória es uno de esos lugares. Sus raíles trazando líneas perfectas por las empinadas calles de Lisboa, el tranvía amarillo ascendiendo entre edificios centenarios, las hojas otoñales esparcidas sobre