Frente a la catedral basílica de San Pedro y San Pablo, en pleno corazón de la Rotušės aikštė, cinco aros concéntricos de metal negro se yerguen como un homenaje inesperado: la representación monumental de un diafragma fotográfico, el dispositivo que regula cuánta luz entra en la cámara y define la profundidad de campo de una