En el claro del Puig de la Caritat, un descubrimiento inesperado alegra la vista: decenas de setas dispersas por el prado como si fueran las casitas de un pueblo diminuto. La distribución aparentemente aleatoria esconde en realidad un patrón orgánico perfectamente lógico: muchas de ellas crecen sobre o junto a pequeños montículos que salpican la