Después del descenso vertiginoso desde el Coll Pany de Dalt, el sendero se suaviza y nos regala uno de los espectáculos más hermosos de la jornada: una auténtica alfombra roja de hojas de haya que cubre completamente la traza del camino. Entre los 1590 y 1585 metros de altitud, el terreno llanea y permite caminar