En el pavimento de la plaza Daukantas, frente al Palacio Presidencial, hay un corazón. No pintado, no grabado: es una piedrecita del propio árido del adoquín que, por azar o por voluntad de alguien, tiene exactamente la forma de un corazón. Del tamaño de una moneda. Perfectamente centrado en su losa, como si lo hubieran puesto ahí a propósito.
Llevamos todo el día recorriendo esta ciudad. Hemos visto palacios ducales reconstruidos y edificios demolidos por los rusos. Hemos visto la celda acolchada donde ahogaban los gritos y la plaza donde Lenin cayó entre aplausos. Hemos visto nombres grabados en piedra y fosas comunes y una tapa de alcantarilla zarista en el patio del KGB. Y al final del día, en el suelo de la plaza más formal de Vilna, frente a la residencia del presidente de la república, hay un corazón del tamaño de una moneda.
No sé si alguien lo puso ahí. No sé si es casual. No importa. Lo que importa es que está ahí, y que alguien se agachó a fotografiarlo.
(Texto creado con ayuda del modelo Sonnet 4.6 de Claude AI)
Foto hecha con el móvil.
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Vilna, Lituania.
