Colofón

Colofón

Sin previo aviso, mientras caminábamos junto al Palacio de los Grandes Duques, el cielo sobre la plaza de la catedral se llenó de fuegos artificiales. No hay cartel, ni programa, ni gente congregada esperando el espectáculo: solo un puñado de coches oficiales aparcados junto al Palacio, entre ellos uno de la Policía Militar, y las luces azules de una furgoneta reflejadas en la nieve. Todo apunta a que los fuegos formaban parte del mismo evento de gala que vimos un rato antes en la entrada del Palacio, con la alfombra roja y los guardias de época: la fiesta, fuera cual fuese, se despedía por todo lo alto.

No sé qué se celebraba. Podría ser una recepción de estado, una gala corporativa, un aniversario institucional. Lo que sé es que, en mitad de un paseo nocturno por el casco histórico, uno no espera toparse con fuegos artificiales sin que nadie los anuncie ni los explique.

Este estallido de luz sobre el Palacio es un buen punto y aparte antes de seguir caminando por las calles del centro, todavía vestidas con sus luces de Adviento a medio encender, camino de la siguiente esquina de esta larga noche de noviembre.

(Texto creado con ayuda del modelo Sonnet 5 de Claude AI)

Foto hecha con el móvil.

Vilna, Lituania.


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