Anarquía visual

Anarquía visual

Cada placa de esta pared lleva un número diminuto pintado en un círculo blanco, como si fuera parte de un juego de mesa gigante. En un extremo de la calle, unas grandes placas hacen las veces de índice: un catálogo que permite buscar el nombre correspondiente a cada pieza. Sin ese índice, la pared es pura anarquía visual —una máquina de escribir oxidada, un rostro esculpido en piedra, un círculo con forma de laberinto, una placa amarilla con la palabra «ELVIS!» en letras de cómic, dos figuras de metal que parecen bailar—. Con el índice, cada objeto recupera su nombre y su historia.

Lo interesante es que la pared no distingue jerarquías. Un poeta lituano del siglo XIX puede estar junto a un fan declarado de Elvis Presley, una caligrafía japonesa junto a un objeto abstracto imposible de descifrar sin ayuda. La lámpara que cuelga del alero ilumina el centro de la composición con un halo casi religioso, como si fuera un altar dedicado a la letra impresa. Ese contraste entre el orden numerado del catálogo y el caos aparente de la pared es, quizás, la mejor metáfora posible de lo que es una biblioteca: un desorden que solo tiene sentido cuando alguien se molesta en clasificarlo.

(Texto creado con ayuda del modelo Sonnet 5 de Claude AI)

Foto hecha con el móvil.

Vilna, Lituania.


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