A cincuenta metros de la bulliciosa Pilies, la calle Literatų gatvė es un remanso de silencio, empedrado estrecho y paredes cubiertas de placas. El proyecto nació en 2008, cuando un grupo de artistas decidió honrar el nombre de la calle decorando sus muros con más de doscientas piezas dedicadas a escritores, poetas y traductores vinculados a Vilna: retratos en cerámica, citas grabadas en metal, esculturas de vidrio, objetos simbólicos —hay incluso una placa que es simplemente un juego de dientes—. La primera pared se inauguró oficialmente el 28 de mayo de 2011, y el proyecto sigue creciendo cada año.
El nombre de la calle tiene dos versiones que se complementan: viene de las antiguas imprentas y librerías que operaban aquí, o del hecho de que el poeta Adam Mickiewicz vivió en el ático de una casa de esta misma calle en 1823. No es casualidad que su nombre aparezca en una de las placas del muro. Fue precisamente aquí, en esta calle, donde Mickiewicz residía cuando estalló el proceso contra los Filomatas, la organización estudiantil clandestina que ya mencionamos esta mañana frente a la Puerta Basiliana: fue arrestado en octubre de ese mismo año y trasladado a la prisión del monasterio basiliano, donde coincidió con su amigo Ignacy Domeyko. El poeta que hoy tiene una placa en esta pared silenciosa fue, doscientos años atrás, un preso político a pocas manzanas de aquí.
Entre los nombres del muro hay también no lituanos: el poeta ruso Joseph Brodsky, invitado frecuente de Vilna por la amistad con Tomas Venclova; el francés Stendhal, que pasó por aquí camino de Moscú en el ejército de Napoleón. La calle entera es un ejercicio de memoria colectiva, hecho a mano, pieza a pieza, sobre paredes que en su día no tenían nada que contar.
(Texto creado con ayuda del modelo Sonnet 5 de Claude AI)
Foto hecha con el móvil.
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Vilna, Lituania.
