En 1667 Mykolas Kazimieras Pacas, castellano de Vilna y hetman del Gran Ducado de Lituania, compró dos edificios adyacentes en la calle Didžioji y los transformó en una de las mansiones más suntuosas de todo el Gran Ducado. Los mismos artistas italianos que decoraron la capilla de San Casimiro en la catedral —el escultor Giovanni Pietro Perti y el pintor Michelangelo Palloni, cuyos frescos vimos esta misma mañana en la cúpula de la capilla— trabajaron también en este palacio, además de en la iglesia de San Pedro y San Pablo de Antakalnis. Vilna entera, en el siglo XVII, parece haber sido decorada por el mismo puñado de manos italianas.
El edificio sobrevivió a la Mancomunidad Polaco-Lituana, a los zares rusos, a la entrada de Napoleón en Vilna y a la ocupación soviética, que dejó tras de sí puertas tapiadas y frescos perdidos bajo capas de cemento. En 2018 reabrió como Hotel Pacai, primer miembro de Design Hotels en los países bálticos, tras una restauración que recuperó fragmento a fragmento los frescos originales y volvió a abrir las puertas que el régimen soviético había sellado. El danés Claus Meyer, cofundador del Noma de Copenhague, fue uno de los inversores originales del proyecto gastronómico del hotel.
Esta noche, la fachada barroca desaparece bajo miles de luces LED que dibujan motivos florales de raigambre lituana en azul y blanco, con el escudo de armas de los Pacai iluminado sobre el arco de entrada. El palacio más magnífico del Gran Ducado, vestido de gala para las fiestas de Adviento, sigue en su sitio, en el mismo lugar donde los mismos artistas italianos que pintaron una capilla real decoraron también un salón de baile.
(Texto creado con ayuda del modelo Sonnet 5 de Claude AI)
Foto hecha con el móvil.
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Vilna, Lituania.
