En el patio interior del Palacio Ducal, la escalera de madera asciende por el muro de mampostería como una cicatriz contemporánea sobre un tejido medieval. Es una de las múltiples reconstrucciones que los arquitectos lituanos diseñaron entre 1951 y 1961, cuando el castillo pasó de ser un montón de ruinas invadidas por la vegetación a convertirse en el símbolo nacional que es hoy. Historiadores y arquitectos, con la ayuda de restos originales, planos de archivo y técnicas medievales de construcción, lograron devolver al Castillo de la Isla de Trakai su antiguo esplendor.
Las galerías de madera conectaban en su día las diversas estancias del patio, proporcionando pasillos cubiertos. Permitían moverse entre dependencias sin exponerse al frío del invierno báltico ni a la lluvia, y también sin tener que atravesar las salas principales del palacio. Eran, en cierto modo, los pasillos de servicio del poder medieval: rutas secundarias para el personal, para los soldados, para quienes mantenían en funcionamiento la maquinaria del Estado sin participar directamente de sus ceremonias.
La reconstrucción del castillo fue un proyecto complicado. El trabajo comenzó en 1946, la obra activa empezó en 1951-1952, y la mayor parte de la reconstrucción se terminó en 1961. Fue una iniciativa lituana que encontró resistencia de las autoridades soviéticas, pero que al final se impuso como gesto de afirmación nacional. Reconstruir Trakai era reconstruir Lituania: devolver al Gran Ducado su castillo era también reclamar una identidad histórica que los cincuenta años de ocupación no habían conseguido borrar del todo.
Justo cuando termino de hacer la foto, empieza a nevar. Los primeros copos caen sobre la mampostería de piedra, sobre el ladrillo gótico rojo, sobre la escalera de madera reconstruida hace sesenta años. No hay mucha diferencia, al final, entre las piedras del siglo XIV y la madera del siglo XX: todo forma parte del mismo gesto de permanencia contra el tiempo.
(Texto de Claude AI)
Foto hecha con el móvil.
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Trakai, Lituania.
