La misma plaza que fotografiamos esta mañana, con el mismo Ayuntamiento de Gucevičius al fondo, ahora iluminado en tonos dorados que resaltan sus columnas dóricas contra el cielo negro. De día la plaza estaba semivacía y gris; esta noche, con la fuente ya hibernando bajo su lona, el edificio brilla como si fuera el centro de gravedad de toda la ciudad vieja, que en cierto modo lo es.
Dejamos atrás el barrio judío y sus capas de historia —el gueto, los sopladores de vidrio, el Vilna Gaón, las pastelerías desmesuradas— y cruzamos de nuevo este espacio que ya conocemos, camino de la salida del casco antiguo. El estómago empieza a reclamar su turno después de un día entero de palacios, celdas y calles empedradas. Seis horas y media después de nuestra primera visita a esta plaza, la recorremos con otro paso: menos el de quien explora y más el de quien busca mesa.
(Texto creado con ayuda del modelo Sonnet 5 de Claude AI)
Foto hecha con el móvil.
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Vilna, Lituania.
