Desde la cima de la colina, la capilla al fondo parece pequeña y humilde, pero su historia es monumental. El 7 de septiembre de 1993, el Papa Juan Pablo II visitó la Colina de las Cruces y celebró una misa histórica en una capilla construida específicamente para la ocasión, ante una multitud de aproximadamente 100,000 peregrinos. Los arquitectos A. Jukna y R. Budrytė diseñaron esta estructura temporal que se alzó frente a la colina para albergar este momento trascendental.
Durante la homilía, el Santo Padre recordó a los lituanos enviados a prisión o campos de concentración, deportados a Siberia o condenados a muerte. Su presencia en este lugar dos años después de la independencia de Lituania no fue casual: representaba el reconocimiento mundial de lo que él llamaría más tarde «el Coliseo lituano», comparándolo deliberadamente con los mártires romanos.
Un año después de la visita papal, llegó a la colina el regalo del Santo Padre a Lituania: un crucifijo esculpido por E. Manfrini. Más tarde, la idea del Papa de establecer un lugar permanente de oración se materializó en el monasterio franciscano construido entre 1997 y 2000, hogar de una docena de monjes.
Desde esta perspectiva, entre miles de cruces que se elevan hacia el cielo, esa capilla lejana recuerda que algunos momentos trascienden la arquitectura para convertirse en historia sagrada.
(Texto de Claude AI)
Foto hecha con el móvil.
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Kryžių kalnas – Siauliai, Lituania.
