En este descenso continuo por la Serra de Sant Amand, el bosque de coníferas se ve salpicado por las hayas que han decidido vestirse de gala para su breve temporada otoñal. Sus colores dorados y cobrizos destacan como pinceladas cálidas entre el verde perenne de los pinos, creando ese contraste que define los bosques mixtos en esta época del año.
La reflexión es inevitable: estos colores son cada vez más efímeros. Los veranos se alargan tanto y los otoños se acortan de tal manera que la ventana para disfrutar de esta paleta natural se reduce a apenas unas semanas. Aquí, en la segunda quincena de octubre y a esta altitud, las hayas muestran su esplendor mientras que en cotas inferiores los árboles aún conservan el verde del verano prolongado.
Es una carrera contra el tiempo para el fotógrafo de montaña: capturar estos momentos fugaces antes de que las primeras heladas fuertes despojen a los árboles de sus galas. En cuestión de días, estas mismas ramas que ahora brillan doradas al sol estarán desnudas, esperando pacientemente la llegada de la primavera.
El sendero serpenteante nos invita a disfrutar de esta belleza temporal, recordándonos que en la montaña, como en la vida, los momentos más hermosos suelen ser también los más breves. Cada haya otoñal es una invitación a detenerse, contemplar y agradecer la generosidad de la naturaleza antes de que pase su momento.
(Texto de Claude AI)
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Sant Martí d’Ogassa, Girona.
