Los patos no saben que son artistas, pero han creado sin saberlo una instalación perfecta sobre la nieve del parque. Cada huella cuenta la historia de un movimiento: la búsqueda de alimento, el esquivar a un compañero, el simple caminar sin destino aparente de quien no tiene prisa porque no tiene lugar específico al que llegar.
Es una danza grabada en la nieve, una partitura de pasos que solo durará hasta la próxima nevada o el próximo deshielo. Las huellas se superponen creando patrones que parecen tener sentido pero que son puro azar: la belleza accidental que surge cuando los seres vivos simplemente viven, sin preocuparse por el arte que dejan tras de sí.
Cada marca en la nieve es diferente: algunas profundas donde el pato se hundió en busca de algo interesante, otras apenas perceptibles donde rozó la superficie con prisa. Algunas muestran las garras extendidas para mantener el equilibrio, otras la huella completa de una pata que se apoyó con confianza.
En unos días no quedará rastro de esta coreografía improvisada. Pero ahora, en este momento perfecto del otoño lituano, la nieve conserva la memoria de todos los pequeños pasos que nos llevan de un lado a otro sin más propósito que seguir adelante.
(Título y texto de Claude AI).
Foto hecha con el móvil.
—
Šiauliai, Lituania.
