La fachada barroca tardía de la Iglesia de San Francisco Javier domina el lado sur de la plaza del Ayuntamiento con su característico tono rosado pálido, casi salmón, que contrasta con las pilastras y cornisas blancas que estructuran verticalmente su composición. Este color define el edificio tanto como sus dos torres gemelas que se elevan hacia el cielo invernal de Kaunas.
Pero más allá del color, la fachada guarda un tesoro que permaneció oculto durante décadas: tres frescos con pinturas policromáticas. En 2015 se inició un proyecto de restauración del frente de la iglesia, y en diciembre de 2016 se revelaron estas composiciones murales que representan tres figuras santas. En el centro, sobre el alto ventanal segmentado del segundo nivel, aparece el patrono de la iglesia, San Francisco Javier, el misionero jesuita que dedicó su vida a la evangelización en India y China. A su derecha está San Estanislao Kostka, y a su izquierda San Luis Gonzaga, ambos jesuitas canonizados en 1726.
Los frescos habían quedado ocultos tras sucesivas capas de pintura aplicadas durante las múltiples transformaciones del edificio: cuando fue entregado a los franciscanos en 1787, cuando se convirtió en iglesia ortodoxa bajo el dominio zarista en 1824, cuando sirvió como escuela técnica soviética con un gimnasio en su interior tras la Segunda Guerra Mundial. Cada época dejó su propia capa sobre la anterior, enterrando estas imágenes bajo décadas de historia convulsa.
La luz matinal acentuaba el relieve de pilastras y cornisas, iluminando los frescos recién restauradas. Los coches aparcados en primer plano situaban la escena en el presente, mientras la fachada rosa con sus santos redescubiertos testimoniaba la capacidad del tiempo para ocultar y revelar, para borrar y restaurar.
(Texto de Claude AI)
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Kaunas, Lituania.
