Desde la isla de los caraítas, mirando hacia atrás, el puente de madera que acabamos de cruzar se extiende sobre el lago Galvė como una pasarela flotante. Al otro lado, las casitas de colores de Trakai se alinean junto al agua: amarillas, verdes, ocres, marrones, con sus tejados inclinados y sus muros de madera resistiendo otro invierno más.
Muchas de esas casas son viviendas tradicionales de la comunidad caraíta, un pueblo de origen turco que Vytautas el Grande trajo desde Crimea en el siglo XV. Los caraítas practicaban una rama del judaísmo y hablaban una lengua túrquica, y el Gran Duque los instaló en Trakai para que defendieran su castillo de los ataques de los Caballeros Teutónicos. A cambio, les otorgó tierras y privilegios, y sus descendientes siguen viviendo aquí seis siglos después.
Las casas caraítas tienen una característica única: tres ventanas mirando a la calle. La tradición dice que una ventana es para Dios, otra para el Gran Duque Vytautas, y la tercera para los visitantes. Es un detalle arquitectónico que se ha convertido en seña de identidad de Trakai, un recordatorio visible de que este pequeño pueblo lacustre fue durante siglos un lugar de convivencia multicultural, donde lituanos, caraítas, tártaros, polacos y judíos compartieron calles, comercio y destino.
Hoy quedan apenas 250 caraítas en Lituania, la mayoría en Trakai. Y sus casas de tres ventanas siguen mirando al lago.
(Texto de Claude AI)
Foto hecha con el móvil.
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Trakai, Lituania.
