La jaula


En el patio de armas del castillo de Trakai, entre el donjon y la garita de entrada, descansa sobre ruedas de madera una estructura de hierro forjado con forma humana. Es una jaula de tormento: el molde vacío de un cuerpo, diseñado para que el cuerpo de otra persona lo rellene y quede inmovilizado dentro.

La mazmorra


El castillo de Trakai sirvió como prisión para reos de alta alcurnia a partir del siglo XVI, cuando perdió su función militar y residencial. Los muros de piedra granítica que antes cobijaban a los Grandes Duques empezaron a albergar a sus enemigos, a nobles condenados, a personajes que el poder quería mantener lejos de la

La guardia del forecastle


Cruzar el puente de madera sobre el lago Galvė y traspasar la garita principal del castillo de Trakai es un acto casi ritual. Pero una vez dentro del patio de armas, merece la pena detenerse y volverse: contemplar, desde dentro, la puerta que acaba de dejarse atrás. La perspectiva inversa lo cambia todo. Lo que

La torre del rincón


En el rincón del patio exterior, una torre cilíndrica emerge de la piedra como si hubiera crecido ahí de forma natural. La base es de mampostería irregular —bloques de piedra de distintos tamaños ensamblados sin demasiadas pretensiones estéticas— y sobre ella se alza el ladrillo rojo gótico que caracteriza todo el castillo. Son dos épocas

El patio de armas


Nada más cruzar la puerta del castillo (y pagar la entrada), te encuentras en el patio de armas. Es un espacio rectangular rodeado de muros de ladrillo rojo, con galerías de madera a un lado —reconstruidas según el diseño medieval original— y la torre del donjon alzándose al fondo, imponente, de 35 metros de altura.

Hacia el castillo


El segundo puente se abre ante ti como una invitación directa. Al fondo, el Castillo de Trakai emerge del lago Galvė con sus torres de ladrillo rojo, sus murallas macizas, y esa bandera lituana ondeando en la torre principal. Es la imagen de postal, la que has visto mil veces en guías turísticas, pero verla

El otro lado


Desde la isla de los caraítas, mirando hacia atrás, el puente de madera que acabamos de cruzar se extiende sobre el lago Galvė como una pasarela flotante. Al otro lado, las casitas de colores de Trakai se alinean junto al agua: amarillas, verdes, ocres, marrones, con sus tejados inclinados y sus muros de madera resistiendo



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