La mazmorra

La mazmorra

El castillo de Trakai sirvió como prisión para reos de alta alcurnia a partir del siglo XVI, cuando perdió su función militar y residencial. Los muros de piedra granítica que antes cobijaban a los Grandes Duques empezaron a albergar a sus enemigos, a nobles condenados, a personajes que el poder quería mantener lejos de la vista. Es una función casi universal de los castillos medievales: lo que un día fue símbolo de grandeza acaba siendo también un lugar para esconder lo que resulta incómodo.

Esta mazmorra, vista desde arriba a través de la trampa de acceso, guarda hoy un inquilino inesperado: una figura de cartón del presidente de Rusia, vestido con un mono naranja de preso, contemplando el suelo con expresión hierática. Para los lituanos —un pueblo que soportó décadas de ocupación soviética y que mira con especial atención al Este desde que empezó la guerra en Ucrania— el gesto de instalar esa figura aquí tiene una carga política que no necesita explicación.

Lo que sí necesita explicación es el suelo. Está cubierto de monedas y billetes de todas las denominaciones y procedencias, como si la mazmorra fuera un pozo de los deseos. Y en cierto modo lo es, aunque invertido: en los pozos de los deseos uno lanza una moneda pidiendo que algo bueno ocurra; aquí, uno lanza una moneda deseando que alguien permanezca donde está. La diferencia es pequeña, pero significativa.

Hay algo genuinamente medieval en ese gesto colectivo: la misma lógica de la efigie que se quema, de la figura que se humilla en público, de la representación simbólica del enemigo. Seis siglos separan a los Grandes Duques de Lituania de los turistas de noviembre que se asoman a esta trampa, y sin embargo el impulso es reconocible. Algunos deseos no cambian.

(Texto de Claude AI)

Foto hecha con el móvil.

Trakai, Lituania.


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