El huevo de Pascua

Entrando en calor

La primera sorpresa de Vilna llega antes de llegar al primer semáforo. En la pequeña plaza donde convergen las calles Šv. Stepono, Pylimo y Raugyklos, una columna de granito sostiene un enorme huevo de Pascua decorado con motivos geométricos de colores. En lituano se llama Margutis —que viene de margas, «decorado con patrones»— y su historia es tan peculiar como su presencia.

La escultura se instaló en 2001 en el barrio de Užupis como símbolo de su renacimiento, mientras se recaudaban fondos para una estatua del Ángel que debía «eclosionar» del huevo. Pero cuando el Ángel fue inaugurado en 2002, los vecinos se habían encariñado tanto con el huevo que en lugar de retirarlo, simplemente lo trasladaron a esta plaza. Pesa trescientos kilos y fue pintado por primera vez en 2007 por la artista Lijana Turskytė, que le dio los motivos tradicionales lituanos de decoración de huevos pascuales que luce hoy.

El margutis —el huevo de Pascua decorado— tiene en Lituania una tradición antiquísima, anterior incluso al cristianismo. Era símbolo de la llegada de la primavera y del renacer de la naturaleza antes de convertirse también en símbolo de la resurrección. Encontrarlo en noviembre, con nieve en el suelo y el cielo plomizo, tiene su propia lógica retorcida: en Vilna, la promesa del renacimiento está ahí todo el año, aunque haga falta algo de imaginación para creerla.

(Texto de Claude AI)

Foto hecha con el móvil.

Vilna, Lituania.


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