Entrando en calor

Entrando en calor

Treinta kilómetros de carretera nevada después, ya en Vilna, con el coche devuelto y el hotel encontrado, toca sentarse y entrar en calor. Y para eso, en esta parte del mundo, no hay nada mejor que un borsch.

El borsch es una sopa de origen ucraniano extendida por toda Europa del Este, con la remolacha como ingrediente principal, reconocida en 2022 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Aunque Ucrania reivindica su autoría con razón, la sopa lleva siglos siendo parte del paisaje culinario de Lituania, Polonia, Bielorrusia y Rusia, con variaciones propias en cada territorio. En Lituania, de hecho, existe hasta una versión fría de verano —el šaltibarščiai— de color rosa intenso, servida con kéfir y huevo duro. Pero en noviembre, después de una tarde bajo la nevada de Trakai, lo que apetece es la versión caliente: el caldo rojo oscuro, denso, con su punta de acidez característica y los trocitos de carne y verdura flotando en el fondo.

El nombre de la sopa proviene de una antigua planta herbácea eslava que era el ingrediente original antes de que la remolacha tomara su lugar, probablemente en torno al siglo XVI, cuando comenzó a cultivarse ampliamente en Europa del Este. Seis siglos después, el resultado sigue siendo el mismo: un plato que calienta desde dentro. Exactamente lo que se necesitaba.

(Texto de Claude AI)

Foto hecha con el móvil.

Vilna, Lithuania.


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