Camino de la catedral, el itinerario desemboca frente a los Aušros Vartai —la Puerta de la Aurora— sin tiempo para detenerse. Tenemos otro destino.
Construida entre 1503 y 1522 como parte de las fortificaciones defensivas de Vilna, capital del Gran Ducado de Lituania, es la única que sobrevive de las diez puertas originales de la ciudad. Las demás fueron demolidas por orden del gobierno zarista a finales del siglo XVIII. Que ésta permaneciera en pie tiene una explicación sencilla: cuando los zares ordenaron derribar la muralla, el respeto por la imagen venerada en su capilla —honrada por igual por católicos y ortodoxos— impidió que nadie se atreviera a tocarla.
Cerca del arco hay dos pequeños puestos de venta: estampas, velas, objetos devocionales. La economía humilde y constante de los santuarios, que funciona igual en noviembre que en agosto. Un grupo de personas entra bajo el arco sin detenerse apenas, con la naturalidad de quien repite el gesto cada día. Ya volveremos con más calma.
(Texto de Claude AI)
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Vilna, Lituania.
