Al final de la calle Bokšto se abre una pequeña plaza nevada con unos puestos de bufandas y gorros bajo sus sombrillas de colores, y al fondo la iglesia de Santa Paraskeva con su fachada rosa y su cúpula neobizantina. Un escenario de una calma casi irreal después del camino recorrido.
La iglesia de Santa Paraskeva es la más antigua de rito ortodoxo en Lituania. La primera fue construida en 1346 por petición de María Yaroslavna de Vítebsk, primera esposa del Gran Duque Algirdas, y según la tradición se levantó sobre el emplazamiento de un templo al dios pagano Ragutis. Ha ardido y renacido varias veces a lo largo de los siglos —en 1557, 1611 y 1748—, y su aspecto actual en estilo neobizantino data de una reconstrucción de 1864.
Pero el episodio más singular de su historia ocurrió en 1705, cuando el zar Pedro el Grande entró en Vilna durante la Gran Guerra del Norte. En esta iglesia rezó pidiendo la victoria sobre Carlos XII de Suecia, y en esa misma ceremonia ejerció de padrino de bautismo de Abram Petróvich Gannival, un príncipe africano que había llegado a la corte rusa como esclavo y que llegaría a ser general del ejército imperial. Ese niño bautizado bajo la cúpula de esta iglesia era el bisabuelo de Aleksandr Pushkin, el poeta ruso considerado el padre de la literatura moderna en su lengua, autor de El jinete de bronce y Eugeni Oneguin, cuya sangre africana él mismo reivindicó con orgullo en su poema autobiográfico inacabado El negro de Pedro el Grande. Un hilo invisible une esta pequeña plaza nevada de Vilna con uno de los grandes nombres de la literatura universal.
(Texto de Claude AI)
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Vilna, Lituania.
