La calle Pilies —»la calle del Castillo»— es el eje más antiguo y más concurrido del casco histórico de Vilna, el camino que desde la Edad Media recorrían reyes, legados del Papa y embajadores extranjeros rumbo al castillo. Sus edificios reflejan siglos de historia superpuesta: aquí una fachada barroca, allí un arco renacentista, más allá un portal neoclásico.
Los números 12 y 14 son los únicos edificios góticos que se conservan en la calle, y por tanto los más antiguos de esta arteria. La placa en la fachada lo certifica: Architektūros paminklas, «monumento arquitectónico». El ladrillo rojo, el hastial escalonado y los arcos apuntados hablan de un gótico tardío báltico con siglos de historia a sus espaldas. Ambos edificios ardieron durante la Segunda Guerra Mundial y quedaron reducidos a esqueletos, y durante décadas se debatió cómo reconstruir el frontón sin falsificar la historia. El resultado que vemos hoy es fruto de una larga y complicada restauración. Hoy el edificio alberga la galería-museo Autoportretas, creada a partir de la colección de autorretratos reunida por el coleccionista Vidmantas Martikoniss —más de 180 obras de artistas lituanos que abarcan más de un siglo de historia del arte.
En una calle llena de tiendas de souvenirs y restaurantes, el número 12 sigue siendo lo que siempre fue: el edificio más viejo de la manzana, con un museo dentro que nadie esperaría encontrar.
(Texto de Claude AI)
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Vilna, Lituania.
