Al final de la calle Pilies se abre de golpe la Plaza de la Catedral, el corazón de Vilna. Después del laberinto de callejuelas adoquinadas, patios escondidos y fachadas que se suceden unas a otras, la amplitud repentina de la plaza desconcierta un momento. Es una de esas plazas que se sienten grandes incluso cuando están casi vacías, como esta mañana de sábado gris en que dos figuras caminan hacia la catedral recortadas contra el pavimento húmedo.
A la izquierda, el campanario exento —antigua torre de la muralla medieval reconvertida en espadaña— preside la plaza con sus 57 metros de altura. Al fondo, la fachada neoclásica de la catedral con su pórtico de columnas y las esculturas en lo alto. A la derecha, el Palacio de los Grandes Duques de Lituania, reconstruido a principios de este siglo sobre los cimientos del original. Fuera de plano queda la estatua ecuestre de Gediminas, el Gran Duque fundador de la ciudad, que ocupa el centro de la plaza.
Aquí es donde hemos quedado para el free tour. El guía no tardará en aparecer.
(Texto de Claude AI)
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Vilna, Lituania.
