Esta foto la tuve que hacer con el móvil: al entrar desde el frío exterior, el objetivo de la cámara se empañó por el contraste de temperatura y no pude usarla. Fue una lástima, porque el interior de la iglesia de San Juan merece cada fotón disponible. La pieza central es una composición de diez altares del presbiterio, única en Lituania y en los países bálticos, dispuestos en semicírculo sobre distintos planos y niveles, iluminados por las ventanas góticas del ábside y profusamente decorados con pinturas y esculturas. A lo largo de los pilares de la nave central se alinean dieciocho esculturas, doce de las cuales representan distintos santos que llevan el nombre de Juan. La lámpara de forja que preside la nave, visible en la foto, completa un interior que oscila entre la austeridad de las paredes blancas y la exuberancia barroca del altar.
El órgano de la iglesia de San Juan fue el más famoso de Lituania, pero fue destruido durante la ocupación soviética. Ha sido restaurado. Y es precisamente alrededor de ese órgano restaurado donde se agolpaba el coro que encontré ensayando aquel sábado por la mañana. La iglesia funciona habitualmente como espacio de conciertos y actos culturales, además de como lugar de culto y de ceremonias académicas: aquí es donde los estudiantes de la universidad reciben sus diplomas, con las primeras filas reservadas al cuerpo académico. El coro que ensayaba aquel día se preparaba, muy probablemente, para alguno de los muchos conciertos de Adviento que llenan las iglesias de Vilna en las semanas previas a la Navidad.
Desde el siglo XVI, en este mismo espacio se defendían tesis, se daban sermones y se recibía a los reyes. Hoy los estudiantes ensayan villancicos entre los mismos pilares donde Mickiewicz rezaba de joven. Algunas tradiciones sobreviven a todo.
(Texto de Claude AI)
Foto hecha con el móvil.
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Vilna, Lituania.
