En la foto aparecen juntas, pero en realidad son dos iglesias muy distintas en escala, estilo y carácter. La de Santa Ana, en primer plano, fue construida entre 1495 y 1500 y es un ejemplo singular del gótico flamígero báltico. Lituania es uno de los países con menos arquitectura gótica de la región, precisamente por su tardía cristianización en 1386. La fachada principal es única en el gótico de ladrillo de toda Europa del Este: sus arcos góticos enmarcados por elementos rectangulares crean una composición proporcionada y dinámica. Se construyó con 33 tipos diferentes de ladrillo de arcilla. Según el arquitecto e historiador lituano Vladas Drema, los patrones que se repiten en la fachada evocan los pilares de Gediminas, uno de los símbolos nacionales de Lituania: la iglesia no sería solo un templo cristiano sino también un emblema de identidad lituana codificado en ladrillo.
La primera referencia histórica a un templo en este lugar data de 1394, aunque la obra maestra gótica actual se cree que fue proyectada por el arquitecto bohemio Benedikt Rejt, famoso también por el diseño de partes del Castillo de Praga. Cuando Napoleón pasó por Vilna en 1812 camino de Moscú, quedó tan impresionado por la belleza de la iglesia que lamentó no poder llevársela a París en la palma de la mano. Su caballería, sin embargo, no fue tan respetuosa: se instaló en el interior y quemó los utensilios de madera. El hombre que quería cargar el edificio entre sus dedos lo dejó en manos de sus soldados.
Detrás, la iglesia de San Francisco de Asís —conocida también como iglesia Bernardina— presenta una escala completamente diferente. El edificio es monumental: en caso de necesidad, podría haber servido no solo para la oración sino también para la defensa. En la fachada se destacan ventanas y contrafuertes góticos, y el frontón renacentista del siglo XVII se ajusta a la parte gótica con un fresco del siglo XIX. En los tiempos de la ocupación soviética, la iglesia fue cerrada y reconvertida en almacén. Cuando Lituania recuperó la independencia, los monjes franciscanos regresaron a ella desde la clandestinidad. Adam Mickiewicz, que estudió a pocas manzanas de aquí en la universidad, menciona ambas iglesias en su poesía: las torres de Santa Ana y la mole de la Bernardina eran parte del paisaje cotidiano de su Vilna.
(Texto de Claude AI).
Foto hecha con el móvil.
—
Vilna, Lituania.
