El cartel que marca la entrada al Espai d’Interès Natural de la Serra Cavallera me recuerda que durante toda esta jornada he estado transitando por uno de los espacios naturales más valiosos del Ripollès. Esta sierra transversal, situada entre los ríos Ter y Freser, se extiende de este a oeste desde Camprodon hasta Ribes de Freser, conformando una importante barrera natural que separa valles y cuencas.
La Serra Cavallera, compartida administrativamente entre los municipios de Camprodon, Ogassa y Pardines, es una sierra prepirenaica de relieves suaves que apenas superan los 2000 metros de altitud. Su cima más emblemática es el Taga con sus 2040 metros, seguido del Puig Estela (2013 m), el Puig de Coma d’Olla (1938 m) y la Pedra dels Tres Bisbats (1899 m). El Sant Amand, desde donde vengo, queda algo separado al sur de la sierra pero forma parte de este mismo sistema montañoso.
Lo que hace especial a la Serra Cavallera es su rica diversidad de paisajes típicos del Prepirineu oriental: excepcionales fagedes y rouredes, pinedes de pi roig, pequeños retazos de pi negre en las cotas más altas, y magníficas vernedes en los bosques de ribera. Es una sierra predominantemente forestal con un marcado pasado ganadero que aún perdura, como testimonian las extensas pasturas y los prados de siega que salpican el territorio.
Protegida desde 1992 como espacio de interés natural y desde 2015 integrada en el Parc Natural de les Capçaleres del Ter i del Freser, la Serra Cavallera representa uno de los mejores ejemplos de montaña media catalana, donde la naturaleza y la actividad humana tradicional han convivido durante siglos creando un paisaje cultural de gran valor.
(Texto de Claude AI)
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Sant Martí d’Ogassa, Girona.
