Hay dos Kaunas. Uno es el de Laisvės alėja, con sus edificios modernistas, sus tilos perfectamente alineados, su pavimento impecable y sus escaparates iluminados. El otro es este: el que se esconde detrás de las fachadas, en los patios interiores de las manzanas, donde el orden y la limpieza ceden paso a una realidad más cruda, más auténtica, más vivida.
Entro por un pasaje estrecho desde la avenida y cruzo lo que parece un portal hacia otra dimensión. El contraste es inmediato: muros de ladrillo desconchado, escaleras de hierro oxidado, charcos de agua con restos de nieve, contenedores de basura, coches aparcados sin aparente orden. Es como si toda la energía de la ciudad se hubiera concentrado en las fachadas que dan a la calle, dejando que los patios traseros se las arreglaran solos, como los bastidores de un teatro donde la función solo ocurre del otro lado del telón.
Este tipo de urbanismo de manzanas cerradas, con edificios que presentan su mejor cara a la calle principal mientras sus traseras conforman patios semiprivados, es característico del desarrollo urbano europeo del siglo XIX y principios del XX. En Kaunas, donde la ciudad tuvo que construirse rápidamente durante el período de entreguerras (1919-1939) para acomodar su nuevo estatus de capital provisional de Lituania, este modelo se intensificó. Los más de 6.000 edificios modernistas que se levantaron en apenas dos décadas respondían a una necesidad urgente de espacio, y los patios interiores se convirtieron en áreas de servicio, a veces con talleres, almacenes o viviendas más modestas.
Al fondo del patio, asomándose entre los edificios, se alza la cúpula de la torre de la iglesia de Santa Gertrudis. Es una de las iglesias góticas de ladrillo más antiguas de Lituania, construida probablemente a finales del siglo XV o principios del XVI, en lo que entonces era un cementerio junto al camino que llevaba a Vilnius. En 1503, el Gran Duque Alejandro la designó iglesia parroquial de Kaunas. Ha sobrevivido a guerras, incendios —el de 1812 la dañó seriamente—, ocupaciones y cambios de régimen. En su cripta arden cientos de velas, y en su pared exterior cuelga una cruz de hierro de 450 años de antigüedad, la más vieja de la ciudad.
Aunque se puede acceder a Santa Gertrudis por una calle paralela a la avenida, verla desde estos patios traseros —donde la ciudad muestra su rostro menos pulido— le da otro significado. Aquí, entre ladrillos desconchados y charcos, la antigua iglesia gótica parece vigilar estos espacios olvidados, recordando que la verdadera historia de Kaunas no está solo en las fachadas modernistas de la Avenida de la Libertad, sino también en estos patios interiores donde el tiempo se mueve a otro ritmo.
(Texto de Claude AI)
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Kaunas, Lituania.
