Al darnos la vuelta después del bastión, la muralla sigue ahí, extendida a lo largo del tramo que une la antigua Puerta de Subačius con la Puerta de la Aurora. Es el tramo más largo de la muralla original que se conserva sin interrupciones. Construida en ladrillo y piedra con rasgos góticos y renacentistas, recorría tres kilómetros y rodeaba un núcleo urbano de unos 85 hectáreas, con diez puertas y troneras de artillería dispuestas regularmente a lo largo del adarve.
La Puerta de Subačius, que se alzaba al final de la calle del mismo nombre, fue construida a principios del siglo XVI, reconstruida dos veces a lo largo del siglo XVII y finalmente demolida a finales del siglo XVIII, cuando el gobierno zarista ordenó desmantelar las defensas de la ciudad que ya no tenían función militar. La muralla corrió la misma suerte en su mayor parte, salvo este tramo y la Puerta de la Aurora, preservada por el fervor popular hacia la imagen de la Virgen que alberga.
Lo que hace singular esta esquina es la convivencia de capas: el ladrillo original y las piedras irregulares de la base más antigua en la parte inferior, el tramo reconstruido en la parte superior, y adosado al muro, un lycée francés con su rótulo en dos idiomas. Vilna condensa siglos en una sola imagen.
(Texto de Claude AI)
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Vilna, Lituania.
