Lo que parece una simple pared encalada en rosa es, en realidad, parte del perímetro defensivo medieval de Vilna. A principios del siglo XVI la iglesia de San Francisco de Asís fue incorporada a la muralla defensiva de la ciudad, y en sus muros quedaron integradas aperturas de tiro. El ático de la iglesia incluía una galería con troneras, y la fachada tenía torres que daban acceso a ella. El pequeño vano cuadrado que se abre en el centro de la imagen —con el ladrillo original asomando bajo el enlucido— es un detalle enigmático: puede ser una de esas aperturas defensivas originales, o bien una ventana abierta en la restauración moderna para dejar a la vista el material histórico que hay debajo. En cualquier caso, lo que revela es lo mismo: debajo del rosa hay siglos de ladrillo gótico.
El monasterio Bernardino, rodeado de muros con troneras y torres, llegó a ser el lugar donde Helena de Moscú, esposa del rey Alejandro Jagellón, guardaba sus tesoros. Pero la protección que ofrecían esos muros también tenía sus límites: en la guerra de 1655-1661 contra Moscú, los cosacos arrasaron el conjunto matando a los monjes y a los ciudadanos que se habían refugiado en él.
La tronera o ventana lleva siglos mirando al mismo parque que hoy lleva el nombre de Adam Mickiewicz. La ciudad sigue ocultando sus cicatrices bajo capas de pintura —y a veces abre pequeñas ventanas para que no las olvidemos del todo.
(Texto de Claude AI)
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Vilna, Lituania.
