La Incubadora de Arte de Užupis fue fundada en 2002 y es el primer centro de arte de este tipo en los países bálticos. Lo que vemos en la foto es su patio exterior en un día de noviembre nevado: una mezcla de murales, instalaciones, superficies irregulares y objetos abandonados que en otro contexto parecerían escombros pero aquí son obra. La Incubadora proporciona estudios y espacios de exposición tanto para artistas emergentes como para artistas consolidados, y su presencia asegura que Užupis siga siendo un centro dinámico de innovación artística.
La ribera del río Vilnelė y el jardín adyacente funcionan como galerías al aire libre. Allí se pueden encontrar un piano de cola y montones de piedras en el río, un caballo mecedora gigante y esculturas a lo largo del camino, además de otras instalaciones que cambian con el tiempo. El mural del pianista que se ve en la pared de la foto conecta directamente con ese piano del río: los pianos abandonados a orillas del Vilnelė son uno de los elementos más característicos del entorno de la Incubadora. Fue precisamente la visión de esos instrumentos descomponiéndose junto al agua la que inspiró al artista Povilas Kupčinskas para crear el mural de San Bernardino que vimos en la entrada del barrio.
La Incubadora de Arte resume bien la filosofía de Užupis: el arte no es algo que ocurre dentro de un edificio con horario de visita, sino algo que se instala en el patio, se deja pudrirse junto al río y se pinta en paredes medianeras visibles desde el puente. Libros y discos grapados en los troncos de los árboles, pianos abandonados a la orilla, banderas tibetanas al fondo. Todo forma parte de lo mismo. La frontera entre el estudio, la galería y la calle no existe aquí.
(Texto de Claude AI)
Foto hecha con el móvil.
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Vilna, Lituania.
