La historia de este solar comienza en 1670, cuando unos frailes carmelitas construyeron aquí una pequeña iglesia de madera y una capilla que pronto cedieron a los monjes agustinos. En 1742 un incendio arrasó la iglesia agustina hasta los cimientos —el período entre 1737 y 1750 fue especialmente devastador para Vilna, que sufrió incendios repetidos que apenas dejaron en pie unos pocos edificios—. Entre 1746 y 1768 los agustinos levantaron con donaciones la nueva iglesia de ladrillo que vemos hoy. Es el único edificio de culto del barroco tardío de toda Lituania con un solo campanario —un rasgo rarísimo en ese estilo— y el último monumento barroco de Vilna.
Lo que hoy vemos en la foto es ya el resultado de dos destrucciones sucesivas. La primera llegó en 1853, cuando el zar ordenó reconvertir la iglesia en la iglesia ortodoxa de San Andrés. El arquitecto Tomas Tyševskis desmontó el coro de los monjes, instaló un iconostasio, demolió el púlpito y eliminó los nueve altares rococós con sus esculturas para adaptarla a los cánones ortodoxos. Los órganos fueron trasladados a la catedral de Vilna y las instalaciones de los altares, a la iglesia de San Juan. La primera destrucción fue religiosa e ideológica: borrar el catolicismo polaco-lituano y sustituirlo por la ortodoxia imperial rusa.
La segunda llegó con los soviéticos: en 1967 el interior fue adaptado para almacén de verduras de la base comercial «Glavkoopchoztorg». Se instalaron dos forjados de hormigón que dividieron la nave en tres plantas, se añadieron escaleras, un montacargas industrial y aseos. Las autoridades habían ordenado la demolición, pero el pragmatismo soviético de aprovechar la estructura la salvó sin querer. La arquitecta encargada de la restauración actual lo resume bien: el edificio sufrió más durante la reconversión en iglesia ortodoxa del siglo XIX que durante la era soviética, porque fue entonces cuando se destruyó toda su decoración original. Desde 2017 pertenece al Ministerio del Interior, que en 2022 la transfirió al Departamento de Policía. Actualmente se trabaja en su reconstrucción.
(Texto de Claude AI)
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Vilna, Lituania.
