Desde la ventanilla, ya sentados con el cinturón abrochado, vemos cómo un camión Volvo de la empresa Litcargus se acerca con su brazo articulado extendido hasta lo alto. En la cesta, un operario con chaleco reflectante rocía las alas de nuestro avión con líquido anticongelante, en una nube de vapor que se mezcla con la niebla baja de la mañana. El proceso de deshielo, rutinario en cualquier aeropuerto del norte de Europa en pleno invierno, va a retrasar unos minutos nuestro despegue.
No hay nada que lamentar en un contratiempo así: después de días caminando entre nieve, empedrados helados y calles que crujían bajo los pies, resulta casi coherente que el propio avión necesite deshacerse del hielo antes de poder levantar el vuelo. Al fondo, otro avión espera su turno junto a la terminal en obras, y las luces del camión de deshielo destacan contra el cielo plomizo de última hora de la mañana.
Unos minutos más en tierra báltica, viendo trabajar a quienes garantizan que el vuelo sea seguro, antes de dejar definitivamente atrás la nieve de Lituania.
(Texto creado con ayuda del modelo Sonnet 5 de Claude AI)
Foto hecha con el móvil.
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Vilna, Lituania.
