Hay algo en una barca amarrada en invierno que habla de posibilidades suspendidas. Está ahí, lista en apariencia, con su casco rojo vivo contrastando con el agua gris del lago Galve, pero la cadena que la sujeta al muelle deja claro que hoy no irá a ningún sitio. Nadie la reclamará esta tarde de noviembre.
Al fondo, el castillo de ladrillo rojo lleva siglos siendo el destino de esta orilla. En verano, botes como este cruzan sin cesar hacia sus muros góticos, cargados de visitantes que buscan la foto perfecta. Pero ahora el lago es un espejo quieto, apenas roto por el rumor del viento entre los carrizos secos. La barca y el castillo se miran desde sus respectivas orillas sin que nadie los una.
A veces los mejores viajes son los que no se emprenden. Los que se quedan en suspenso, amarrados a la espera de una estación más amable, dejando que el destino permanezca como lo que quizás es en esencia: una promesa en el horizonte.
(Texto de Claude AI)
Foto hecha con el móvil.
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Trakai, Lituania.
