Los seres animados de Ladislas Starewitch

Los seres animados de Ladislas Starewitch

Bajo el arco de medio punto encalado en rosa pálido, tres insectos de metal oscuro custodian una placa conmemorativa. A la izquierda, una hormiga se alza sobre sus patas traseras portando unos racimos de uva, símbolo de la abundancia acumulada con esfuerzo; a la derecha, un saltamontes también erguido sostiene un violín que evoca el despreocupado verano de música y ocio; y en lo alto del arco, la cabeza de un ciervo volante con sus características mandíbulas en forma de cornamenta corona el conjunto. Estos personajes no son simples adornos decorativos sino protagonistas de una revolución cinematográfica que comenzó en este mismo edificio hace más de un siglo, cuando Vladislavas Starevičius —conocido en el mundo como Władysław Starewicz o Ladislas Starewitch, dependiendo del país y el idioma— dio vida por primera vez a criaturas muertas mediante la magia del stop-motion.

Nacido en Moscú en 1882 de padres polacos que se escondían tras el fracaso de la insurrección de 1863 contra el dominio zarista, Starewicz fue criado por su abuela en Kaunas, entonces capital de la gobernación de Kaunas dentro del Imperio Ruso. Era un autodidacta inquieto con intereses que abarcaban desde la pintura y la escultura hasta la fotografía, la actuación y especialmente la entomología: poseía una vasta colección de insectos y trabajaba en el Museo de Historia Natural de Kaunas. En 1910, mientras intentaba filmar un documental sobre escarabajos ciervo para el museo, se encontró con un problema técnico aparentemente insuperable: las luces intensas del estudio primitivo hacían que los insectos se volvieran lentos o simplemente murieran. Tras esperar días y días para capturar una batalla entre machos, decidió recrear la pelea él mismo utilizando escarabajos muertos como marionetas, reemplazando sus patas con alambre fijado con cera lacre a sus tórax. El resultado fue «Lucanus Cervus» —La batalla de los escarabajos ciervo—, considerada la primera película de animación con marionetas de la historia.

El éxito fue inmediato y extraordinario. Su siguiente filme, «La bella Leukanida» de 1912, inspirado en el mito griego de Helena de Troya pero protagonizado por escarabajos, causó sensación en Moscú y fue comprado por el productor Aleksandr Khanzhonkov, quien invitó a Starewicz a trabajar en su estudio. Allí creó obras maestras como «La cigarra y la hormiga» de 1913 —una adaptación de la fábula de Esopo donde, a diferencia de la versión edulcorada de Disney, la hormiga trabajadora se niega a compartir su comida con el saltamontes holgazán, que muere congelado en el invierno— y «La venganza del camarógrafo» de 1912, una historia cínica sobre infidelidad entre insectos donde un saltamontes filma el romance ilícito de un escarabajo con una libélula y proyecta las imágenes en el cine local para vengarse. El zar Nicolás II quedó tan impresionado que le otorgó una condecoración especial. Tras la Revolución de Octubre, Starewicz huyó a París donde continuó creando hasta su muerte en 1965, siendo admirado por Walt Disney aunque nunca alcanzó la fama que merecía. Hoy, estas esculturas instaladas en 2014 junto a la placa conmemorativa de 2007 honran al mago del cine que convirtió a Kaunas en la cuna de la animación stop-motion mundial.

(Texto de Claude AI)

Kaunas, Lituania.


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