Justo enfrente del Halės turgus, un edificio entero ha desaparecido bajo un mural de cinco plantas. Lo pintó en 2015 el artista italiano Francesco Camillo Giogino, conocido como Millo, durante el tercer Festival de Arte Urbano de Vilna. Nacido en Italia en 1979, Millo estudió arquitectura sin intención de convertirse en artista, pero la pintura lo fue seduciendo durante sus años de estudiante hasta imponerse como vocación. Esa formación arquitectónica se nota: sus murales no ignoran los edificios que los soportan, los incorporan.
En Vilna creó su primer mural site-specific, integrando las ventanas existentes y otros detalles arquitectónicos del edificio en la composición monocromática. El resultado es una ciudad imaginaria en blanco y negro que crece por la fachada —casas, nubes, estructuras cúbicas, figuras humanas— con solo el azul de los pájaros de papel rompiendo la escala de grises. Una figura infantil de tamaño colosal preside la escena, pensativa, como si observara el caos ordenado del mundo que la rodea. Sus gigantes inocentes y de apariencia infantil suelen aparecer en situaciones lúdicas en medio de paisajes urbanos, buscando retratar el lado más puro de la humanidad: la alegría y el juego.
Verlo de paso, desde la calzada mojada, con los patinetes eléctricos aparcados a sus pies y los coches cruzando la intersección, tiene algo de incongruente y perfecto a la vez. El arte urbano funciona así: aparece donde no lo esperas y te obliga a mirar hacia arriba.
(Texto de Claude AI)
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Vilna, Lituania.
