El avión ya rueda por la pista, con el ala recortada contra un cielo gris cargado de nubes bajas. Al otro lado de la valla, un pueblo cubierto de nieve —tejados blancos, un coche circulando despacio, algún árbol de hoja perenne resistiendo el frío— se desliza lentamente por la ventanilla mientras el avión coge velocidad.