El salto que les da nombre

El salto que les da nombre

Cuando el coche dobla la curva siguiente a la cebra de Grévy, un grupo de springboks (o gacelas saltarinas) cruza el camino al galope, levantando el polvo seco de la sabana. Sus lomos de un marrón rojizo contrastan con el vientre y los flancos blancos, separados por una franja oscura que recorre el cuerpo desde el hombro hasta el muslo, como una pincelada trazada de un solo gesto. La cara, blanca, lleva también su propia raya oscura, de ojo a boca, que le da un aire de máscara.

Machos y hembras comparten por igual los cuernos curvados hacia dentro en forma de gancho, anillados, de apenas 35 centímetros de media — un rasgo poco común entre los antílopes, donde suele ser solo el macho quien los porta. Es una de las gacelas más veloces de África: llega a los 88 km/h y puede saltar hasta 4 metros, con esos brincos rígidos y verticales, casi mecánicos, conocidos como pronking, con los que advierte al depredador de que ya ha sido visto y de que perseguirla sería inútil.

De ese salto viene también su nombre: en afrikáans, spring (saltar) y bok (antílope macho). Un gesto convertido en palabra, y la palabra convertida después en escudo — el de la selección de rugby de Sudáfrica, que lleva su nombre y su silueta desde hace más de un siglo.

Aquí, en Sigean, no hay guepardos ni leones sueltos que expliquen la carrera. Solo un coche pasando despacio. Pero el gesto de huida, heredado y automático, se repite igual, como si el peligro nunca hubiera dejado de estar donde siempre estuvo.

(Texto creado con ayuda del modelo Sonnet 5 de Claude AI)

Reserva Africana de Sigean, Francia.


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