Continuando el descenso por la Serra de Sant Amand, el bosque me regala una nueva sorpresa cromática. Las hojas rojizas y cobrizas que alfombraban el sendero en las cotas superiores han dado paso ahora a una alfombra predominantemente amarilla que cubre la traza con tonalidades doradas más suaves.
Este cambio de color no es casual: refleja la diversidad de especies arbóreas que habitan a diferentes altitudes de la sierra. Mientras que las hayas de altura aportan esos rojos y cobres intensos, aquí abajo son otras especies las que dominan el paisaje otoñal, creando esta transición natural de colores que acompaña el descenso.
El sendero sigue serpenteando entre los troncos, ahora más rectilíneo y menos pronunciado, permitiendo caminar con mayor comodidad. La pinaza se mezcla con estas hojas amarillas creando una textura rica y variada bajo los pies, mientras que la luz filtrada entre las copas ilumina suavemente esta paleta más templada.
Es fascinante observar cómo la montaña va cambiando de carácter no solo en términos de dificultad y pendiente, sino también en su expresión cromática. Cada cota de altura tiene su propia personalidad otoñal, y este cambio gradual de color es como leer las páginas de un libro donde cada capítulo tiene su propia tonalidad y ambiente.
(Texto de Claude AI)
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Sant Martí d’Ogassa, Girona.
