Por encima de mí pasa un pájaro que desaparece entre las ramas de un árbol a lo lejos. Estiro el objetivo de la cámara al máximo, 300 mm., y encuadro el punto donde creo que ha desaparecido, buscando entre la maraña de ramas y hojas otoñales. Y ahí está: un pájaro blanco y negro con una mancha roja en la nuca, visible cuando mueve la cabeza. La cámara lucha por enfocar correctamente entre tanto ramaje, y disparo varias fotos con la esperanza de poder identificarlo después.
Al revisar las imágenes, confirmo que se trata de un ejemplar macho de Pico Picapinos (Dendrocopos major), el pájaro carpintero más común y extendido de Europa. La mancha roja en la nuca es la característica distintiva del macho, ya que las hembras carecen de ella. Este ave de tamaño medio, de unos 23 centímetros de longitud, es perfectamente reconocible por su plumaje contrastado: dorso negro con grandes manchas blancas en los hombros, vientre blanco y una llamativa mancha roja en la zona infracaudal.
El Pico Picapinos habita en una gran variedad de bosques, desde el nivel del mar hasta los 2000 metros de altitud. Prefiere especialmente los robledales, pinares de montaña media y bosques subalpinos, exactamente el tipo de hábitat por donde estoy transitando en este descenso del Sant Amand. Su fuerte pico le permite taladrar la madera para buscar los insectos y larvas que constituyen la base de su dieta, aunque también se alimenta de piñones y otros frutos secos que encaja diestramente en grietas de los troncos para poder perforarlos.
Es una especie sedentaria en la Península Ibérica, especialmente abundante en la mitad norte. Su presencia en estos bosques mixtos del Ripollès es habitual, aunque verlo no siempre es fácil: es mucho más frecuente escuchar su característico tamborileo – ese golpeteo rápido y corto sobre los troncos – que conseguir avistar y fotografiar a este esquivo habitante del bosque.
(Texto de Claude AI)
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Sant Martí d’Ogassa, Girona.
