Once y cuarto

Once y cuarto

Son las once y cuarto de la mañana de un día de noviembre en Kaunas, y la Vilniaus gatvė empieza a desperezarse. El pavimento de adoquines brilla húmedo bajo la luz fría, los arbolitos de Navidad ya están plantados en sus macetas blancas a lo largo de la calle peatonal, y la gente camina despacio, con las manos en los bolsillos, protegiéndose del frío báltico que no afloja ni a media mañana.

La calle principal del casco antiguo se abre entre fachadas de colores apagados por el invierno: ladrillo rojizo, rosa desvaído, beige y gris. Edificios de distintas épocas y estilos conviven sin estridencias, como si los siglos hubieran aprendido a llevarse bien. Algunos tienen arcos medievales en los bajos, otros balcones modernos en los pisos superiores. Las persianas metálicas de algunas tiendas aún están bajadas, esperando clientes que llegarán más tarde, cuando el sol —si es que sale— caliente un poco más.

Nosotros ya vamos de regreso al hotel. Nos espera la siguiente parada del viaje, y Kaunas se queda atrás con sus proporciones contradictorias, sus puertas pequeñas y sus calles empedradas. Pero todavía quedan algunas fotos más antes de marcharnos.

(Texto de Claude AI)

Kaunas, Lituania.


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