Nombrado por el agua

Nombrado por el agua

Unos metros por delante de las springboks caminan, indiferentes al motor del coche, tres antílopes de complexión mucho más recia: pelaje pardo grisáceo y largo, casi hirsuto en el cuello, y un porte pesado que contrasta con la ligereza nerviosa de las gacelas que acabamos de dejar atrás. El que encabeza la fila luce un par de cuernos largos, anillados, que se curvan primero hacia atrás y luego hacia delante — un adorno que solo llevan los machos.

Es un kobo o antílope acuático (Kobus ellipsiprymnus), uno de los antílopes más corpulentos de África: los machos pueden superar los 260 kilos. Su pelaje, en apariencia tupido, es en realidad bastante ralo salvo en el cuello, y segrega una sustancia grasa y almizclada que cumple una doble función poco romántica: impermeabiliza al animal cuando se sumerge para escapar de un depredador, y desprende un olor tan desagradable que muchos carnívoros prefieren dejarlo tranquilo. De ahí uno de sus apodos en inglés, «greasy kob» — el kobo grasiento.

Su nombre común, sin embargo, no viene de la grasa sino del agua: es de los antílopes más dependientes de ella, y rara vez se aleja de un río o una charca a los que recurre tanto para beber como para refugiarse. Vive en manadas de entre seis y treinta individuos, con jerarquías que los machos jóvenes tardan años en poder disputar.

Y sin embargo aquí está, bautizado por el agua, caminando despacio sobre la hierba seca y agostada de mayo, sin una charca a la vista en varios cientos de metros. El nombre que arrastra desde las sabanas africanas se sostiene, tozudo, incluso donde ya no significa nada.

(Texto creado con ayuda del modelo Sonnet 5 de Claude AI)

Reserva Africana de Sigean, Francia.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *